Unigom: mantenimiento estival, calidad y fiabilidad de los componentes en el centro de la posventa
La temporada estival representa cada año un banco de pruebas concreto para el sector de la posventa. Las altas temperaturas, los largos trayectos, el tráfico intenso, los vehículos cargados y unas condiciones de uso más exigentes someten a importantes solicitaciones a diferentes sistemas del vehículo, haciendo que el mantenimiento preventivo sea un paso fundamental para garantizar seguridad, continuidad de funcionamiento y confort de conducción.
En este escenario, el papel de la distribución y del taller adquiere un valor estratégico. No se trata únicamente de responder a una demanda estacional, sino de gestionar con competencia una fase en la que la calidad del recambio incide directamente en la eficiencia de la intervención, en la reducción de la inmovilización del vehículo y en la satisfacción del cliente final.
El calor acelera el envejecimiento de los materiales, aumenta las presiones en los circuitos y hace aún más evidente la diferencia entre un componente diseñado según criterios técnicos rigurosos y un recambio elegido exclusivamente en función del precio. Por ello, algunas líneas de producto adquieren especial relevancia en el mantenimiento estival: manguitos de radiador, vasos de expansión, manguitos turbo, latiguillos de freno, soportes de motor, soportes de amortiguador y componentes del sistema de suspensión.
El sistema de refrigeración es uno de los primeros en verse afectado por las condiciones estivales. Manguitos de radiador, vasos de expansión y tapones trabajan en un contexto en el que la temperatura, la presión y la calidad del líquido refrigerante inciden directamente en la continuidad de funcionamiento. Una pequeña fuga, un vaso de expansión debilitado o un manguito deteriorado pueden transformarse rápidamente en una inmovilización del vehículo, especialmente durante trayectos largos o en condiciones de tráfico intenso.
También los manguitos turbo están especialmente expuestos. En los motores sobrealimentados operan en presencia de altas temperaturas, presión y vibraciones. La pérdida de potencia, los silbidos en aceleración, las caídas de rendimiento o las anomalías en la presión del aire pueden ser señales de un componente comprometido. En este ámbito, la calidad de los materiales, la resistencia a los aceites y a los hidrocarburos, así como la correcta estanqueidad de las abrazaderas, representan requisitos técnicos esenciales.
La temporada estival también llama la atención sobre el sistema de frenos. Vehículos cargados, descensos prolongados, tráfico urbano y temperaturas elevadas aumentan las solicitaciones sobre los latiguillos de freno. Grietas, abultamientos o desgaste interno pueden alterar la respuesta del pedal y comprometer la eficiencia de la frenada. Por este motivo, la verificación de estos componentes se encuentra entre los controles más importantes en los periodos de mayor movilidad.
Un papel igualmente relevante lo desempeñan los soportes de motor, los soportes de amortiguador, los brazos de suspensión, los silentblocks y las bieletas de la barra estabilizadora. Durante el verano, el vehículo afronta a menudo recorridos más largos, firmes diferentes y mayores cargas. Estos componentes contribuyen a la estabilidad, al confort y al control de las vibraciones, aspectos cada vez más centrales también con la evolución de las plataformas híbridas y eléctricas.

